domingo, 25 de mayo de 2014

El más duro ataque.

En una situación en la que “confianza” es palabra de cuentos, en la que la política es la profesión más odiada y los ciudadanos tenemos a nuestros representantes como traidores y ladrones, en un entorno en el que solo deseamos la desaparición de nuestros líderes, nos mostramos furiosos contra el Gobierno y contra las barbaries que realiza en nuestro nombre, en esta situación la abstención es indiferencia, y como decía Arturo Muñoz, “La democracia, como el amor, puede sobrevivir a cualquier ataque menos al abandono y a la indiferencia”.
 
Hoy, 25 de Mayo de 2014, se celebran las elecciones al Parlamento de la Unión Europea. 

En este día, todos esos españoles que nos quejamos del sistema, que queremos políticos honestos y con actuaciones transparentes, todos los que anhelamos un gobierno limpio que represente los intereses de sus ciudadanos, todos esos que soñamos con una nueva era política, tenemos la oportunidad de manifestar nuestros deseos mediante el voto. No desaprovechemos oportunidades. 

Muchos ven en el voto en blanco, nulo o en el simple hecho de no acudir a votar un modo de queja y reivindicación, una manera de hacer saber que están en contra del sistema, un castigo a los políticos. Se equivocan.

En España el Código Civil regula las herencias mediante un orden legal de suceder que se aplica en aquellos casos en los que no se ha realizado testamento. Así pues, quien no otorga testamento (“por que me da mal rollo”), deja la decisión sobre su herencia a lo que diga la ley, sin analizar si es lo que él quiere y, a veces, pensando que serán otros los que interpreten su voluntad. De mismo modo, quien no ejerce su derecho al voto, en realidad, está votando a favor de la mayoría que eligen los demás. No parece razonable quejarse del resultado.

En el año 2009 hubo una abstención del 54% en España. Más de la mitad de los habitantes no ejercieron su derecho a voto. ¿Qué ocurrió? Absolutamente nada. Es más, probablemente la mayoría de ustedes ni siquiera supiera que el número de votos fue tan pequeño. No hubo una revolución, ni fue noticia, ni causó ningún quebradero de cabeza al Gobierno. Se limitaron a hacer recuento de los votos de quienes sí habían ejercido como ciudadanos activos.

Absteniéndonos estamos permitiendo que decidan por nosotros, estamos entregando nuestra voz, el único modo que tenemos de cambiar nuestro país, a personas cuyo juicio desconocemos. Estamos dejando en desuso un derecho que tanto costó a nuestros padres conseguir, un derecho por el que muchos lucharon. Derecho del que, todavía, desgraciadamente muchos están privados. 

Somos hipócritas, estamos criticando a los políticos por destruir la democracia al mismo tiempo que incumplimos las condiciones esenciales del sistema democrático: la participación activa de los ciudadanos en la cosa pública. La indiferencia nunca será el camino hacia una democracia sana. 
 
*Dejo aquí  el esplendido artículo del novelista Javier Marías en el que trata el mismo tema. También dejo una página más en la cual podemos simular los diferentes resultados que podrían haber sucedido si en 2009 aquellos que no votaron sí lo hubiesen hecho. 



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