miércoles, 28 de mayo de 2014

LA EXPLOTACIÓN INFANTIL


La explotación infantil es la utilización, para fines económicos o de otra índole, de menores de edad por parte de adultos que impide su educación, amenaza su salud física o psíquica así como el desarrollo personal y emocional de los menores y el disfrute de sus derechos. Estos niños se enfrentan a jornadas que superan las doce horas, remuneraciones ínfimas y trabajos que afectan a su dignidad o autoestima.
La cantidad de niños que son sometidos a este tipo de explotación es verdaderamente increíble, como podemos observar gracias a los datos ofrecidos por la Organización Internacional del Trabajo. La OIT estima que en todo el mundo, alrededor de 215 millones de niños menores de 18 años trabajan, muchos a tiempo completo. En la África subsahariana, 1 de cada 4 niños de 5 a 17 años trabaja, 1 de cada 8 en Asia y el Pacífico y 1 de cada 10 en América Latina. Podemos observar que las cifras son desgarradoras.


En la gran mayoría de los casos de explotación infantil la causa principal es la pobreza. Al encontrarse ante esta situación de escasez estos, niños trabajadores ven socavados sus derechos básicos, su salud e incluso su vida en el trabajo. Por un lado, la explotación infantil está asumida dentro de este tipo de familias como una fuente de ingresos, siendo así aceptada por la totalidad de los miembros de la familia. Por otro lado, esta situación también es aceptada por los empresarios ya que contratar a un niño resulta más rentable que contratar a un adulto debido a su indefensión y sumisión y al hecho de que un niño realiza el mismo trabajo que un adulto pero sin presentar ningún tipo de queja y a cambio de una remuneración muy inferior a la de un adulto.

Lo cierto es que los niños no están preparados para este tipo de esfuerzos físicos dada la naturaleza frágil de su cuerpo y de su mente. Como consecuencia de diversas formas de trabajo infantil, millones de niños están expuestos a peligros muy serios, sea por el trabajo en sí mismo o por el ambiente de trabajo que los rodea. Sin embargo, estos peligros no echan para atrás a estos desalmados empresarios, que tampoco tienen en cuenta la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las NU y ratificada por más de 20 estados el 20 de noviembre de 1989. Dicha convención contiene los siguientes puntos:

1.- Derechos a la igualdad sin distinción de raza, credo o nacionalidad.
2.- Derecho a una protección especial para un desarrollo físico, mental y social.
3.- Derecho a un nombre y una nacionalidad.
4.- Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas para el niño y la madre.
5.- Derecho a una educación y cuidados especiales para el niño física o mentalmente disminuido.
6.- Derecho a comprensión y amor por parte de los padres y de la sociedad.
7.- Derecho a recibir educación gratuita y a disfrutar de los juegos.
8.- Derecho a ser el primero en recibir ayuda en casos de desastre.
9.- Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo.
10.- Derecho a formarse en un espíritu de solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre todos lo pueblos.

Tras tener constancia de todo lo mencionado anteriormente yo me posiciono a favor de la erradicación mundial del trabajo infantil, manteniendo a los niños bajo el cuidado de la familia y brindándoles la oportunidad de ir a la escuela y poder formarse académicamente para poder tener en el futuro una vida digna, siguiendo los pasos marcados por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño.


IRUNE PEREZ DE RABAYEN SOLANAS 1-I

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