lunes, 2 de junio de 2014

Hacerse mayor

El envejecimiento es el proceso biológico, psicológico y social que empieza desde el mismo momento en el que nacemos, manifestando cambios continuos en nuestro cuerpo. El hacerse mayor comporta en ocasiones conductas típicas y al mismo tiempo difíciles de entender, como las observadas en las personas mayores que califican a los demás viejos pero no ellos mismos, al “encontrarse todavía jóvenes”.

Hoy en día, la visión de la ancianidad que nos aporta nuestra sociedad es francamente pobre, y así, en los medios de comunicación, solo leemos y vemos noticias sobre ancianos que reflejan con claridad la imagen que de ellos conservamos.

Pero no perdamos de vista la evolución del concepto de ancianidad. La vejez en culturas de Oriente Medio era manifiestamente alabada, asemejando la ancianidad con la figura del guía y jefe de la comunidad, quizás no en cuestiones productivas, sí en las decisiones basadas en la experiencia, en el consejo sabio. Otras culturas, como la gitana, vertebran su funcionamiento social alrededor de las personas mayores de su comunidad, losdenominados patriarcas, guías, referencia y ejemplo para los jóvenes.

Por desgracia, en nuestra sociedad consumista, veloz, materialista y tan falta de valores, el mayor es un estorbo, un lastre. Esto queda reflejado en el trato y relación con nuestros ancianos, incluso en las definiciones que en nuestros diccionario se ofrecen a los calificativos con los que nombramos al mayor. Hoy en día la sociedad trata a los ancianos como si fueran un estorbo, sin tener en cuenta todo lo que hacen por sus familias, como ejercer de padres con los nietos en varia ocasiones o ayudando en casa. Ellos son los que siempre están allí siempre para ayudarnos con sus experiencias y sabiduría. Y en muchas ocasiones no se reconoce el esfuerzo que es para ellos hacer esto.

Ya sé que el hecho de la muerte es el que nos hace ser un poco más intolerantes hacia las personas mayores, pero en ningún caso se trata de dejarlos morir. En todos los casos utilicemos el sentido común, para tratar al anciano mayor con naturalidad, perseverando su dignidad y su vida, pero no retrasando lo inevitable, ni fustigando y alargando la vida sin sentido, por un erróneo concepto del juramento hipocrático. Estoy segura que dentro del juramento de preservar la vida, existe un pequeño hueco, en el que diga, que parte de la vida es el morir, tan natural como el crecer, nacer o respirar.


Rebeca Barrena Bach 1H

No hay comentarios:

Publicar un comentario