domingo, 1 de junio de 2014

LA NIÑEZ

Para cuando me quise dar cuenta, era adolescente. Y cuando me creí que era adolescente me sentía poderoso, mayor, capaz de impresionar a niños más pequeños. Era para mí, y creo que para todos los niños, un gran paso para la libertad; por ejemplo salir a la tarde sin que te tengan que decir la hora de vuelta a casa, o poder ir a la escuela sin la ayuda de tus padres.

Sin embargo, pienso ahora lo feliz que era de pequeño y pienso que debería haber aprovechado mucho más esa primera época, donde todo el mundo llega a la conclusión de que fue la mejor etapa de nuestra vida. Si pudiera haber podido elegir, me hubiese quedado para siempre en la niñez, como Peter Pan. Sólo nos preocupábamos del presente, sin tener en cuenta las consecuencias que podíamos llegar a tener por hacer una mala acción. Las consecuencias no podían ser mayores que un pequeño castigo o un par de cachetes. Mayores consecuencias no podíamos tener, ya que teníamos la excusa de ser niños.

De pequeños no nos teníamos que ocupar de nada, no teníamos responsabilidades, y esto, comparado con mi vida de ahora, era un lujo.

De pequeños todos hemos soñado con ser gente famosa y guapa, casi sin excepción; siempre hemos querido llegar a ser futbolistas los chicos (generalmente) y modelos las chicas (generalmente también).

En general, ahora estoy redactando las ventajas, los pros de la niñez, pero lógicamente hay muchas cosas malas en esta época, aunque no quiero redactarlas, a ver si voy a disuadir al lector de todo lo puesto anteriormente.

 
  Aitor Herbon

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