jueves, 13 de noviembre de 2014

FÉNIX DE OBSIDIANA

 Michael Moorcock. Ediciones Martínez Roca. Barcelona. Año 1991.

Lo primero que quiero dejar claro es que el libro me ha gustado, sin embargo me ha causado sensaciones encontradas. Pero no puedo expresar mi opinión sobre este libro (que es la segunda entrega de la trilogía del campeón eterno) sin antes haceros una breve introducción sobre Michael Morcock, su obra y esta trilogia en particular.

Michael Moorcock es probablemente uno de los escritores más agudos de la actualidad, que después de muchos comienzos en falso ha alcanzado una auténtica madurez narrativa. Su obra maestra es el ciclo de Multiverso, donde múltiples realidades coexisten en un mismo plano físico separadas por dimensiones espaciotemporales diferentes. Algo no muy lejano de lo que plantean los teóricos actuales de la física cuántica. En el multiverso se libra una batalla constante entre el caos y el orden, una batalla eterna en la cual los acontecimientos suceden hacia adelante y hacia atrás y términos como pasado y futuro pierden su significado. Ambos bandos son totalmente opuestos pero se necesitan mutuamente: Sin Caos, no puede haber materia prima para crear y sin Orden no puede haber sentido en la creación. Lo cual convierte la lucha entre ambos en una tragedia absurda, en la que incontables vidas inocentes son manipuladas como peones por los dioses de ambos bandos. Aquí es donde entra nuestro protagonista, el campeón eterno, un humano condenado a vagar eternamente por el multiverso equilibrando la balanza entre el caos y el orden. Una condena impuesta por una fuerza superior a los dioses: El Balance Cósmico. La figura del campeón se repite muy a menudo en los libros de Michael Moorcock pero esta trilogía cuenta la historia de uno en particular: Erekosë, el único campeón consciente de su tragedia, de todas sus reencarnaciones anteriores (cuando el campeón muere se reencarna), de todos sus amores, de todas sus derrotas, de todas sus victorias, de todas sus decepciones...

No me voy a demorar contando los hechos acontecidos en la anterior entrega, pues no son necesarios para entender la historia. Dicho ésto, he aquí un breve resumen de El fénix de Obsidiana:


La paz que Erekosë había conseguido para sí y para su amada Ermizhad se rompe, cuando, en su rol de Campeón Eterno es alejado del mundo de los Eldren, para llegar a una Tierra agonizante cubierta de hielo y bajo un sol rojo. En ella se encuentra con otra versión decadente de la humanidad, esta vez en guerra con los enigmáticos Guerreros Plateados, y será reconocido como el gran héroe Urlik Skarsol, el campeón al que debe representar mientras es atormentado por los recuerdos de sus anteriores reencarnaciones. En este extravagante y moribundo mundo polar, Erekosë encontrará nuevos retos a la vez que respuestas sobre qué o quién es el realmente. Al visitar Rownenarc, la Ciudadela de Obsidiana, será acogido por el Señor Espiritual de ésta, Belphig, y seguirá sufriendo sueños reveladores, que atan su destino con la enigmática Espada Negra, y el aún más misterioso Guerrero de Oro y Negro. Tras ésto, en una partida de caza en busca de un salvaje ciervo marino, un leviatán de esos mares, Belphig traicionará a Erekosë/Urlik Skarsol ante la revelación de otro factor clave en la saga de los Campeones: el poder del Grial, el centro mismo del Balance, que revelará que el objetivo de Erekosë en ese mundo decadente es devolverle la vida, siempre y cuando acepte el precio que le exige la Espada Negra.

Tras muchas batallas en las que nadie es lo que parece, y donde el Campeón hará nuevos aliados, por no decir que será testigo de muchos nobles sacrificios, logrará cumplir su misión solo para saltar a otro mundo.

Erekosë en su trineo tirado por osos
En mi opinión la ambientación es uno de los puntos más fuertes del libro. Mezcla elementos de fantasía con ciencia ficción. Esto resulta muy interesante porque los personajes justifican de una manera racional los hechos que les son familiares o que son capaces de entender, mientras que los que les son desconocidos o escapan a su comprensión los ven como magia. Es más, a menudo aparecen objetos que para nosotros son de lo más normales y que los personajes de la historia los ven como algo mágico, y viceversa. Un buen ejemplo de esto es “el carro mágico” o avión que aparece hacia el final de la historia. Además la idea del multiverso enriquece mucho la ambientación permitiendo que la historia se desarrolle en distintos lugares, épocas y/o realidades. En particular me ha gustado mucho que la historia transcurriera en un futuro lejano, donde nuestro anciano sol ya no es capaz de calentar suficientemente a una moribunda Tierra. Ver las distintas formas de pensar y de actuar de los humanos ante su inminente extinción es una de las cosas más divertidas del libro, además de ser un elemento clave de la trama. Como he dicho antes la ambientación es uno de los puntos mas fuertes del libro y uno de los dos motivos por el cual me decidí a leerlo.


El segundo motivo es que me apetecía leer algo de fantasía que difiriera del modelo clásico occidental (claramente influenciado por el cristianismo). Estaba cansado del combate sin fin entre el bien y el mal que terminaba siempre con la victoria del bien. Siendo Michael Moorcock un detractor de J.R.R. Tolkien y la punta de lanza del movimiento conocido como Nueva Ola era de esperar que cualquiera de sus obras cumpliera mis requisitos. Al menos en eso el libro me ha dejado satisfecho.

El mayor problema del libro es su final, que me ha dejado indiferente (algo que nunca debe ocurrir). A mediados de la historia el ritmo de la narración comienza a acelerarse, esto en si no supone algo malo, es más, parece algo lógico, pues los sucesos importantes se imponen sobre los secundarios. Sin embargo esto sumado al abrupto final (que parece sin terminar) hacen que parezca que el escritor terminó el libro deprisa y corriendo. Espero que en la tercera entrega de la trilogía esto no ocurra. A parte de esto no le encuentro ningún fallo más al libro cuyo estilo directo facilita mucho la lectura, las descripciones son nítidas sin llegar a estar sobrecargadas (algo que se agradece) y permiten una gran inmersión.    

En resumen: Un libro muy entretenido y fácil de leer que se ve estropeado por su final.

Asier López  1º Bach. H

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