jueves, 26 de mayo de 2016

Reseña de "La herbolera", Toti Martínez de Lezea

  La herbolera es la tercera novela que escribe Toti Martinez de Lezea y que se publica por primera vez en el año 2000. Esta vez se nos quiere adentrar en la caza de brujas (la inquisición) que se desató en Europa en la Edad Media y que por supuesto llegó al País Vasco. Se nos adentrará en Durango y en el valle de Atxondo, lugar repleto de mitología, leyendas antiguas y costumbres ancestrales.

  Como ya dijo la autora, con ésta novela quiso dar otra versión sobre el fenómeno de la brujería, específicamente de las brujas vascas, tan famosas y tan desconocidas; dejar claro que las víctimas de las hogueras fueron gente de pueblos arraigados a sus antiguas tradiciones y creencias, personas inocentes.


  La protagonista de ésta historia es Catalina de Goiena, hija y nieta de curanderas y por consiguiente curandera también, al haber aprendido de la mano de su madre Graciana y su abuela Domenja el arte de las herboleras y que nació en un caserío en las faldas del monte Anboto, una de las residencias de la diosa Mari (en la que Catalina cree plenamente).

  Resulta que la pequeña Katalintxe (así es como le llama su madre) nace con el don de la familia que consiste en poder predecir la salud o la enfermedad, e incluso la muerte y que ninguna de sus maestras había heredado, siendo la última de la familia que lo poseyó su bisabuela. Domenja (que es la que se lo descubre) se muestra muy feliz y quiere que su nieta aproveche el don (eso incluye tener que participar en una especie de 'akelarre'), su madre en cambio, se muestra contraria a esa idea porque sabe que es peligroso y que la pueden acusar de ser una 'bruja'.

  Cuando se hace más mayor y después de que su abuela le haya enseñado todo lo que debe saber sobre la herboristería, Domenja le manda a Durango para que aprenda el oficio de partera; allí aprende rápido y le va muy bien, y es entonces cuando se le empieza a acercar gente pidiéndole remedios contra los males que los médicos no les han sabido sanar. Por eso, empieza a recibir acusaciones de que es una 'bruja', y estas van a más al haber un inquisidor y un letrado (que está obsesionado con las brujas) en la ciudad.

  Durante ese periodo, Catalina se enamora del sobrino del letrado que está obsesionado con las brujas, llamado Juan. El joven se fija en Catalina y eso crea ilusiones en ella, por eso el letrado intenta evitar cualquier tipo de encuentro entre ellos. Todas las ilusiones que tenía Catalina se esfuman cuando le oye a Juan hablar mal sobre ella y sobre la religión no cristiana en la que cree, y por desgracia, esas palabras aumentan las acusaciones dirigidas a la joven.

  El personaje más desarrollado es Catalina ya que la historia se centra en ella y da muchísimos más detalles sobre ella que sobre cualquier otro personaje, por lo tanto ha sido mi personaje favorito; encima, no es el típico personaje que lo marcan como un héroe, valiente... sino más bien como una chica bastante inocente y que se suele equivocar.

  Se podría decir que me he devorado ésta novela porque me costó muy poco tiempo terminarla, es cierto que ayuda mucho que te gusten éste tipo de historias, porque si es al revés la lectura te resultará muy pesada y te costará mucho engancharte. Hace unos tres años que la empecé a leer por primera vez y cuando llevaba leídas tan solo 40 páginas la desterré en mi librería (se me hacía muy difícil seguir la lectura y no la entendí muy bien). Hasta el pasado verano que decidí darle otra oportunidad. Ésta vez me encantó y como he dicho anteriormente me la leí en un suspiro, ya que últimamente me han empezado a gustar mucho este tipo de temas. Además, los capítulos no tienen nada que ver entre sí, quiero decir, ninguno empieza con lo que acaba el anterior, y eso aumenta la intriga.



Leire Sarriés, 1ºH



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